Gaultier París, la hora del cóctel de la alta costura

Jean Paul Gaultier no inventó el esmoquin, pero pocas personas han mostrado esta prenda con tanto cariño como lo hizo el diseñador parisino en su último desfile de alta costura en la tarde del miércoles.


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Jean Paul Gaultier - Fall-Winter2018 - Haute Couture - Paris - © PixelFormula

La invitación a esta cita mostraba a un arquetípico James Bond con la silueta de una mujer con una boina y sosteniendo una cajetilla de cigarros. El fondo era un velo blanco en el que se poyectaba el humo del cigarro e, incluso, un modelo lució un pendiente con un Marlboro.

Los hombres que abrieron su desfile parecían recién salidos del set de rodaje de Downtown Abbey, el mismo que el de Eyes Wide Shut, pues eran guapos cazadores con botas de montar, frac y jodhpurs “bien moldeados”, según el programa. Gaultier Paris mostró también en su desfile de alta costura bufandas de animador, en visón blanco y zorro negro, y sudaderas de piel de St Mortiz para después de esquiar en color negro.
 
Incluso las chicas vistieron tirantes masculinos que sujetaban sus esmóquines, con lagos chales al cuello, sin mangas y largos guantes de cuero, rematados con lentejuelas y satén. 

Su gran propuesta fueron los escudos de conversación transparentes empleados en un buen puñado de estilismos, el sueño de un introvertido e ideal para los editores de moda. De ellos hubo más de uno en esta cita de alta costura. Pero, una vez más, se echó de menos durante toda la semana a la más importante de todas, Anna Wintour.

En un brillante final saltó a la pasarela la novia de la alta costura, vestida con un traje en color lima degradado de un tono tan suave como las luces que acompañaron al carrusel final, que lo hicieron parecer una bocanada de humo. Y entonces arrancó una explosión de aplausos. 

Justo unos segundos antes había aparecido una pareja con el pecho al descubierto y donde se podía leer, en plástico, “pezones libres”, el último juego de palabras de Jean Paul Gaultier, cuya carrera ha sido de lo más políticamente incorrecta.

La única ausente fue Marlene Dietrich, quien inventó la idea de una mujer elegante luciendo un traje masculino, y a la que le habría encantado poner sus manos en estas prendas. Pero sí tuvimos a Naomi Campbell en la primera línea de los asientos luciendo un top de calicó negro y sentada al lado de Nile Rodgers, el legendario fundador de Chic y productor de música disco. 

Naomi tuvo a los paparazzi rodeándola en una escena digna de las pirañas amazónicas, especialmente cuando se paró para pedir el teléfono a Amanda Lear. Jean Paul incluso llamó a un esmoquin Night Rodgers en un cortés homenaje al productor. 

Gaultier entonces salió a hacer su tradicional recorrido por la pasarela, pero lo hizo antes de que sus modelos realizaran el carrusel final, por lo que hubo cierto caos cuando los invitados comenzaron a caminar por la pasarela entre los modelos.
 
Sin embargo, este desfile fue una perfecta declaración de la alta costura para la hora del cóctel, aunque estropeado por el tremendo calor que hacía en el espacio, un lugar ubicado en la vibrante zona de Saint Martin, en el límite con el Barrio Rojo de París. 

Curiosamente, tanto los propietarios anteriores como los actuales de la firma -el multimillonario Hermès antes y, ahora, el clan Puig de Cataluña- nunca han sido lo suficientemente generosos como para invertir en un sistema de aire acondicionado adecuado para el espacio de exhibición de Gaultier.

Cuantas más cosas cambian, más igual permanece todo. Como en la memorable revolución del esmoquin de este desfile. 

Traducido por Eva Gracia Morales

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