Cannes, "un centro comercial al aire libre” para grandes fortunas

Cannes reúne todos los ingredientes para atraer una clientela estival muy rica proveniente de Rusia o el Golfo, con la condición de enterrar rápidamente la impresión de inseguridad dejada por el robo de película de 100 millones de euros en lujosas joyas de un palacio. Chaumet, Chopard, Rolex, Chanel, Prada, Louis Vuitton, Dior… La famosa “Croisette” es un ostentoso florilegio de 70 marcas internacionales de joyería, marroquinería y ropa de lujo, que conviven hombro con hombro sobre 800 metros frente al mar.
La fachada de la tienda Chaumet de la Croisette, con la firma del arquitecto Jean-Michel Wilmotte (foto DR)


“Un centro comercial al aire libre”, según la formula local, para atraer a los clientes de 6 palacios cinco estrellas y 24 cuatro estrellas, sin olvidar a los propietarios de las villas y los yates que atracan en uno de los dos puertos. Incluso los palacios quieren sacar provecho de este frenesí adquisitivo. Durante este mes de agosto, el hall del Carlton brilla con una nueva exposición de joyería de alta gama con la firma del creador parisino Waskoll, especialista en piedras preciosas, bajo la atenta mirada de dos vigilantes.

“Es necesario transmitir el deseo de comprar joyas. Éstas están al alcance de la mano, sin obstáculo alguno”, menciona el expositor. El pasado 28 de julio el anterior joyero itinerante –la casa del millonario israelí Lev Leviev– fue asaltado por un hombre armado que se dio a la fuga por una puerta de vidrio con un botín record de 100 millones de euros. Algunos días después una boutique de un relojero de lujo fue robada por un valor de un millón de euros en relojes. Estos hechos diversos no conmueven al expositor: las ventas se realizan en sitio. Afiches inmensos sobre la fachada del Carlton invitan a admirar una joya engastada con 327 diamantes. A pesar del calor sofocante, otro anuncio –traducido al ruso– alaba una exposición de abrigos de una casa parisina de pieles.

Comerciantes del lujo y miembros del sector hotelero festejaron el final del ramadán para acoger de nuevo a los visitantes de Arabia Saudita, Qatar y Kuwait. “Ellos llegan en delegaciones, y alquilan entre 10 y 50 habitaciones en los palacios”, precisa Isabelle Gainche, directora de turismo. Se sienten como en casa, más aun cuando dos palacios, el Carlton y el Martínez, son ahora propiedad de qataríes. Sus yates atracan por toda la bahía para pasar la jornada en el mercado de Saint-Tropez, explica Isabelle Gainche.

Cannes está localizado a mitad de camino entre sus competidores estivales Saint-Tropez y Mónaco. Su clientela común se mueve muy seguido entre los tres. Saint-Tropez, muy de temporada con sus tiendas de lujo itinerantes, despliega sus amplias playas de Pampelonne con ambientes musicales festivos frecuentados por el “jet-set”. Cannes, ciudad del sabio congreso con un halo de prestigio del festival de cine, permanece viva durante todo el año. Los visitantes del Golfo y Rusia deberían plebiscitar en agosto a las esculturales bailarinas del Crazy Horse, uno de cuyos espectáculos se situará en un cabaret itinerante, según espera la ciudad. Las primeras filas de mesas “VIP” reciben a los espectadores con botellas de champaña, preludio a una velada en establecimientos nocturnos o casinos. Después de un festival cultural de Azerbaiyán en presencia de la primera dama de este país a comienzos de julio, en agosto Cannes acogerá un festival de arte ruso que honrará a Siberia. La directora de turismo ya ha visitado en delegación a múltiples países satélites de Rusia, como Kazakstán, pero recientemente ha puesto su atención en Brasil.

Esto responde a que los profesionales constatan que los Rusos han descubierto nuevos destinos como Grecia o Croacia. “En este período de crisis, Cannes al igual que Mónaco y Saint-Tropez se vuelven muy costosos. Hay una toma de consciencia, incluso entre la clientela más rica”, se preocupa Claudio Ceccherelli, nuevo director del Martínez. “Es peligroso apoyarse demasiado en dos mercados”, previene. Serge Carreira, especialista de lujo, se muestra más optimista. “Una gran marca de lujo no puede realmente ahorrarse su presencia en Cannes o Saint-Tropez. La Riviera Francesa es la segunda zona de actividad después de París”, enfatiza. El mito de la Riviera, nacido de la aristocracia de finales del siglo 19, no ha terminado con las grandes fortunas.

Por Catherine Marciano

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